Portada

Meribel Borghetto triunfa como bailarina en Egipto

Meribel es la hija de un policía de San Jerónimo Norte, Claudio Borghetto.

En esta nota repasa su exitosa carrera:

Mi nombre es Meribel Borghetto, tengo 23 años y nací en San Agustín, un pequeño pueblo de la provincia de Santa Fe. Quizás sea justamente ese lugar, tan pequeño y tan mío, el que me enseñó desde siempre a soñar en grande.

Mi historia con la danza comenzó mucho antes de que pudiera imaginarla como una profesión. A los tres años era simplemente una niña a la que le encantaba jugar a ser bailarina y probar todo aquello que despertara mi curiosidad. Siempre fui inquieta, curiosa y con ganas de aprender y descubrir cosas nuevas. Por eso, mirando hacia atrás, no creo que sea casualidad que hoy esté trabajando tan lejos de casa.

A los tres años comencé a bailar danzas folklóricas en mi pueblo junto a mi querida Olga Ferrer, una de las primeras personas en acompañarme en este camino. Poco después nació mi amor por la danza clásica. Mi mamá cuenta que un día vi a unas niñas usando tutús y quedé completamente fascinada. Así comencé a formarme con mi primera maestra de esta disciplina, Flavia Oggier, en San Carlos Centro.

Durante muchos años, el folklore y la danza clásica convivieron conmigo, hasta que, a los siete años, una de mis maestras le recomendó a mi mamá a quien consideraba una de las mejores formadoras de bailarinas: María Elisabeth Sture, o simplemente Betty, como todos la conocíamos. Llegar a Betty marcó un antes y un después. No solamente me enamoré todavía más de la danza, sino también de todo lo que significa ser bailarín: la disciplina, la técnica, el esfuerzo, la constancia y, sobre todo, la pasión. Aprendí que detrás de cada movimiento había horas de trabajo, frustraciones, aprendizajes y una enorme cantidad de amor por lo que uno hace.

Con el tiempo, y con el mismo hambre de seguir aprendiendo, tuve la suerte de encontrarme con dos maestros que fueron muy importantes no solo para mi formación artística, sino también para mi vida: Juan Pablo Porretti y Dolis Mejico.

Juan me enseñó a ir más allá de lo conocido, a ponerme en lugares de incomodidad para investigar mi cuerpo y descubrir nuevas formas de expresarme. Gracias a ese proceso comencé a explorar nuevas disciplinas y lenguajes dentro de la danza, el teatro y la expresión artística. Dolis, por su parte, me transmitió un cuidado muy especial hacia el cuerpo y hacia nuestra herramienta de trabajo. Me enseñó que a la vida hay que bailarle y sonreírle siempre, pero que nuestra danza debe ser también inspiración, motor y, sobre todo, trabajo.

Así fue como, con el paso de los años, fui ampliando mi formación y explorando diferentes disciplinas. Al folklore y al ballet se sumaron el contemporáneo, jazz, ritmos urbanos, acrobacia, teatro musical, samba no pé y diferentes experiencias vinculadas al escenario y al espectáculo.

En 2024 tomé una de las decisiones más importantes de mi vida: mudarme a Buenos Aires Capital para continuar formándome y buscar nuevas oportunidades que me permitieran desarrollarme profesionalmente en la danza y en el mundo del arte. Dejar mi pueblo y trasladarme a una ciudad tan grande significó un enorme desafío, pero también fue una manera de apostar por aquello que desde niña me hacía feliz y por un sueño que siempre tuve: vivir en la Ciudad de la Furia.

Buenos Aires me permitió conocer nuevos escenarios, artistas, compañías y diferentes formas de entender el trabajo artístico. Fue una etapa de mucho aprendizaje, crecimiento y, sobre todo, de animarme a ocupar espacios que antes veía muy lejanos.

A lo largo de este camino tuve la posibilidad de formar parte de diferentes proyectos y escenarios que me permitieron crecer como intérprete. Entre ellos se encuentran la Apertura de la Copa Libertadores 2024, Servian El Circo, donde trabajé durante cuatro meses y al que luego regresé para formar parte de la temporada en Mar del Plata 2026. Durante esa temporada también tuve la oportunidad de ser parte de los Premios Estrella de Mar, obteniendo tres premios durante ese año. También formé parte de la Compañía Valkirias y de la Delegación Oficial de Santa Fe en Cosquín, experiencias que fueron sumando herramientas, escenarios, vínculos y aprendizajes a mi recorrido artístico.

Paralelamente, continúo mi formación académica en la Universidad Nacional de las Artes (UNA), donde estudio la Licenciatura en Interpretación de Danza, con especialización en Danzas Clásicas y Contemporáneas.

Para mí, la formación nunca termina: cada maestro, cada espacio y cada experiencia tienen algo nuevo para enseñar. Y también considero que tener universidades públicas dedicadas al arte, y especialmente una institución como la UNA, es algo profundamente gratificante para quienes elegimos este camino. Espero que muchos artistas puedan darse la oportunidad de conocerla, habitar sus espacios y aprovechar todo lo que tiene para ofrecer.

Así fue como apareció Egipto

La posibilidad de trabajar como bailarina en Sharm El Sheikh apareció a través de Instagram. Un día encontré una publicación de Fire Productions, empresa con la que actualmente trabajo y que trabaja en conjunto con SEANS, en búsqueda de artistas y bailarinas para formar parte de diferentes propuestas y brindar shows artísticos en distintos destinos de Egipto y Turquía. Respondí a la publicación para conocer más sobre la propuesta y, a partir de ahí, comenzó el proceso de selección. Realicé un casting online, enviando material de mi trabajo y de mi recorrido artístico. Unos días después llegó la respuesta: había sido seleccionada. Y casi sin tiempo para procesarlo, en tan solo dos semanas, estaba arriba de un avión rumbo a un país ubicado a miles de kilómetros de mi casa.

La propuesta significaba dejar por un tiempo mi país, mi familia, mis amigos, mis costumbres y todo aquello que conocía para comenzar una experiencia completamente nueva al otro lado del mundo. Pero, al mismo tiempo, había algo dentro mío que reconocía perfectamente ese impulso: era el mismo que había tenido desde niña, esa necesidad de probar, conocer, aprender y animarme a experimentar cosas nuevas.

Así, me encontré haciendo las valijas y viajando hacia Egipto para comenzar una nueva etapa como bailarina. Hoy formo parte de un equipo de artistas y trabajo a través de Fire Productions, en conjunto con SEANS, realizando diferentes espectáculos en distintos hoteles de la cadena Rixos en Sharm El Sheikh. Cada escenario, cada show y cada experiencia son una nueva oportunidad para seguir creciendo como intérprete y como profesional.

Presentarme en un escenario en Egipto, después de haber comenzado bailando en un pequeño pueblo de Santa Fe, es algo que todavía muchas veces me cuesta dimensionar. Y quizás lo más lindo de todo sea pensar que, después de tantos años, sigo siendo aquella pequeña Meri que quería probarlo todo. Solo que esta vez la curiosidad me llevó a miles de kilómetros de casa.

Vivir esta experiencia también me enseñó que perseguir un sueño no significa que todo sea fácil. Hay que trabajar, insistir, equivocarse, volver a intentar y aprender a disfrutar del proceso. Y, sobre todo, creo que es importante no perder nunca la esencia de quiénes somos ni olvidar de dónde venimos.

Yo sigo siendo aquella chica de San Agustín que empezó bailando folklore, que se enamoró de un tutú y que soñaba con ser un montón de cosas a la vez. Y justamente por eso, cada vez que subo a un escenario lejos de casa, siento que también llevo conmigo a mi pueblo, a mis maestros, a mi familia y a todas las personas que alguna vez confiaron en mí.

Si algo me gustaría transmitir a través de mi historia es que los sueños no siempre llegan de la manera en que los imaginamos, ni en el momento en que creemos que deberían llegar. Pero cuando uno lucha por aquello que ama, lo hace con pasión, disfruta del camino, se permite jugar, equivocarse y crecer, y nunca deja de ser agradecido por quienes lo acompañaron, muchas veces las piezas terminan acomodándose.

Y quizás eso sea lo más lindo de todo: descubrir que aquel juego que comenzó a los tres años puede, muchos años después, llevarte a bailar al otro lado del mundo.

Portada

San Carlos Centro: condenaron a un hombre que violaba a una hijastra y abusaba de otra

Un hombre de 46 años identificado como Néstor Alexis Gutiérrez fue condenado a 16 años de prisión por haber abusado
Portada

Este domingo nueva jornada del Mes de la Ciudad en el Club Libertad

“Este domingo seguimos celebrando los 168 años de San Jerónimo Norte con una nueva jornada del Mes de la Ciudad”,
Escribinos!